Gabriel Norberto Barceló, exgerente internacional de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y vicedirector del Instituto Balseiro, advirtió que el anuncio de privatización de las centrales nucleares “significa varias cosas, muy malas todas”. Destacó que Nucleoeléctrica Argentina “conservó la capacidad de manejar la tecnología de las centrales” y que gracias a ese saber técnico se pudo terminar Atucha II “cuando nadie en el mundo sabía cómo hacerlo”, así como extender la vida útil de la central de Embalse “fabricando las piezas en Argentina y sin apoyo externo”.
Según Barceló, el país tiene la capacidad de “fabricar centrales de 600 MW y podríamos producir de 1000 MW e incluso exportar”. También remarcó que desde la década de 1970 Argentina produce el combustible nuclear que alimenta sus centrales: “Si esto se vende, puede pasar que la nueva administración decida comprar este combustible afuera y empresas extranjeras hagan dumping, destruyendo la capacidad nacional”.
Para el especialista, la venta de Nucleoeléctrica sería “una pérdida de soberanía y un daño económico grave para los argentinos”, ya que la energía nuclear “no produce efecto invernadero y es estable”, una ventaja clave en un escenario de calentamiento global. Barceló confía en que la privatización pueda revertirse: “Es un elemento clave para el futuro energético de nuestro país y para que Argentina participe del negocio internacional de reactores nucleares”.













