El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, incluyó en un anteproyecto ómnibus la derogación de la Ley 25.542, conocida como Ley de Defensa de la Actividad Librera, que desde 2001 establece el precio fijo y uniforme de venta al público (PVP) de los libros en todo el país.
Al aire de Radio Estación Sur, el escritor y editor de Pixel, Juan Fernández Marauda advirtió que la desregulación impulsada por el ministro Federico Sturzenegger no favorece la competencia, sino que beneficia a los supermercados y grandes plataformas, poniendo en riesgo la supervivencia de las librerías de barrio y las editoriales independientes.
El proyecto, elaborado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, busca eliminar el sistema de precio único con el argumento de que fomentará la competencia y abaratará los libros para los consumidores. La iniciativa generó una reacción inmediata y contundente de libreros, editores y trabajadores del sector, que ven en la medida una amenaza directa a la diversidad cultural y al entramado de librerías independientes.
Desde el sector editorial advierten que la medida tendrá el efecto contrario. “Es mentira que acá esto se determina en el libre comercio o en las maneras del mercado, esto lo que hace es hacer desaparecer a los que defienden un tipo de discurso disidente”, sostuvo Fernández Marauda en una entrevista con Radio Estación Sur, donde explicó por qué la ley actual es un pilar fundamental para el ecosistema del libro.
Nota completa:
El precio fijo como herramienta de supervivencia
La ley actual establece que el editor o importador fija un precio único para cada libro, que debe respetarse en todos los puntos de venta, desde grandes cadenas hasta librerías de barrio. Este mecanismo, explicó Fernández Marauda, es clave para mantener una competencia que no se base únicamente en el precio, sino en la calidad del servicio y la curaduría de contenidos.
“Una librería de barrio, una librería independiente, no puede poner eso, porque por un lado en general no va a descansar sobre la venta online, (…) necesita ese margen de ganancia que se arregla, que está determinado, que está defendido por la ley del libro”, afirmó el entrevistado.
La normativa protege a los pequeños comercios de prácticas de dumping que, según los libreros, los grandes jugadores del mercado podrían utilizar para eliminarlos .
El principal temor es que, sin el precio fijo, los supermercados y las grandes plataformas de venta online utilicen los libros más vendidos como “productos gancho” para atraer clientes, vendiéndolos a pérdida, una estrategia que una librería de barrio no puede sostener . “Ni siquiera ganan las grandes librerías, ganan los supermercados, porque se destruye al sector del libro“, enfatizó Fernández Marauda.
Este escenario, advierten, provocaría un efecto dominó: con la desaparición de las librerías independientes, que son el principal canal de distribución para los sellos pequeños, también caerían las editoriales independientes. “Con las pequeñas editoriales van a desaparecer los autores, y de repente en el extremo máximo de esta cadena de dominos lo que sucede es que lo único que se perpetúa es el discurso que vende”, alertó el editor.
Un modelo que funciona y que genera “bibliodiversidad”
Juan Manuel Pampín, presidente de la Cámara Argentina del Libro, respaldó esta postura al señalar que “el precio uniforme del libro hizo del ecosistema editorial algo virtuoso” . La ley ha permitido que Argentina sea reconocida internacionalmente por su alta densidad de librerías y por su diversidad editorial, un fenómeno conocido como “bibliodiversidad” .
Desde el gobierno, en tanto, defienden el proyecto y señalan que “cuando hay más competencia, los consumidores tienen más opciones y mejores precios” . Además, argumentan que la experiencia internacional, como el caso del Reino Unido, respalda que eliminar el precio fijo no destruye el ecosistema editorial .
Sin embargo, Fernández Marauda advirtió que se pone en riesgo un ecosistema cultural que tardó 25 años en consolidarse. “Yo en este momento todavía me permito asustarme, porque lo que realmente se pierde es las voces. Las voces que se relacionan con los libros de un lugar o del otro. Y eso es lo que también quiero defender. Es nuestra forma de vida, pero también es un discurso disidente”, concluyó el editor.









