Alejo Giannecchini, investigador del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, analizó en Radio Estación Sur los datos de pobreza e indigencia del primer semestre de 2026 difundidos por el INDEC.
“Lo que sucedió en los últimos dos años es que la medición de pobreza por ingreso venía mostrando una baja importante con respecto al primer trimestre de 2024. Pero hay cuestiones técnicas, metodológicas, de cómo se miden los ingresos, de la falta de actualización de la canasta básica total, que podrían llevar a pensar que esa caída puede estar exagerada”
Según el informe del ODSA, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población y la indigencia al 7,5%, lo que representa un aumento de 4,1 y 1,8 puntos porcentuales respecto del semestre anterior. Desde el Observatorio advierten que la tendencia descendente se agotó y que el país volvió a chocar con un núcleo de pobreza crónica que la estabilización no logra remover.
Si bien la pobreza había mostrado una baja significativa desde el primer trimestre de 2024, esa mejora estuvo sobredimensionada por cuestiones metodológicas y por el efecto de los precios relativos.
El investigador señaló que la tendencia se invirtió a partir del último trimestre de 2025: “La pobreza pasó de 26,9% en el tercer trimestre de 2025 a 29,9% en el cuarto, a 30,0% en el primero de 2026, y a 34,6% en el segundo trimestre de 2026. El dato central no es solo el nivel semestral, sino el cambio de tendencia”.
Los dos tipos de pobreza: la coyuntural y la estructural
Giannecchini diferenció dos fenómenos que explican la dinámica de la pobreza en Argentina:
“La pobreza que hace cambiar a la evolución de la tasa medida por ingresos es la de aquellas personas de clase trabajadora, clase media, que dependiendo del ciclo económico pueden estar levemente por encima o por debajo de la canasta básica total. Pero a eso se agrega otra pobreza en Argentina, que es la pobreza estructural, que tiene que ver con situaciones no transitorias, que vienen de larga data y se transmiten entre generaciones”.
El investigador describió este núcleo duro: “Son hogares que están en barrios vulnerables, que sufren constantemente falta de acceso a la educación, y eso se traduce en limitaciones al acceso al mercado de trabajo. Es la tasa de pobreza núcleo de la Argentina, que es difícil de atacar”.
Por qué cayó la pobreza y por qué volvió a subir
Giannecchini explicó que la caída de la pobreza entre 2024 y 2025 se explica por dos factores: la mejora en la declaración de ingresos en la encuesta y el cambio en los precios relativos.
“A partir de la segunda mitad de 2024, los alimentos subieron de precio pero por debajo del promedio de los precios de la economía, lo que hizo que, incluso con ingresos constantes, esos ingresos pudieran comprar más de las canastas. Eso ocasionó una baja de la tasa de pobreza”.
Sin embargo, esa dinámica se revirtió: “A partir del último trimestre del año pasado, la tendencia a la caída se invierte. Tuviste aumentos muy importantes de la carne a finales de 2025, y después aumentos del transporte y de servicios que tienen subsidios y se fueron eliminando. Ese motor que tenía el descenso de la pobreza se invierte”.
El rol de las transferencias sociales
El informe del ODSA destaca que la política social sigue evitando un deterioro mucho mayor. Según las simulaciones del Observatorio, en ausencia de la AUH, las jubilaciones y otras transferencias, la indigencia prácticamente se duplicaría, ubicándose entre el 14% y el 15%.
“La AUH, las jubilaciones y otras prestaciones continúan cumpliendo un papel central, pero su capacidad de compra se debilitó. Las actualizaciones con rezago y la pérdida neta de cobertura de la Prestación Alimentar redujeron su potencia para seguir bajando la indigencia” expresa el comunicado.
El desafío es doble. Desde el ODSA afirman que se debe “preservar y mejorar la eficacia de las transferencias dirigidas a los hogares más vulnerables y, al mismo tiempo, avanzar sobre las causas que reproducen la pobreza: informalidad laboral, bajos salarios, productividad insuficiente, déficits educativos, precariedad habitacional y desigual acceso a servicios básicos”.
El informe del ODSA concluye que, sin una transformación de las condiciones estructurales, “la economía podrá alternar fases de mejora y deterioro, pero tendrá dificultades para perforar de manera sostenible el núcleo de pobreza crónica que afecta a cerca de un tercio de la población”.









