Este martes, la Cámara de Diputades Nacionales fue convocada para tratar la Ley de Etiquetado Frontal de los alimentos. La norma es respaldada por organizaciones sociales, profesionales de la salud y nutrición,y organismos internacionales. Esta legislación, se prevé como una herramienta política y sanitaria frente a las enfermedades por la mala alimentación vinculadas al consumo de azúcares, grasas y ultraprocesados principalmente.
Sin embargo, desde el bloque de Juntos por el Cambio, anticiparon que no darían quórum porque “el oficialismo citó una sesión sin consensuar nada, de sorpresa, fuera de horario. Si nos citaron sin consultarnos debe ser porque tienen el quórum y no nos necesitan”.
Vale remarcar, que su compromiso debería ser con la voluntad popular y no con el bloque opositor, porque si bien son les legisladores quienes deciden qué proyectos tratar y cuáles encajonar, esta Ley es una demanda social para garantizar la salud alimentaria.
El proyecto tuvo dictamen el 15 de julio, después de más de un semestre de debate, y consiste en obligar que los alimentos y bebidas analcohólicas informen sus nutrientes críticos con una etiqueta octogonal, de color negro y letras blancas, que ocupe al menos el 5% del tamaño del envase.
“Hoy puede ser el día que empecemos a cambiar publicidad por información, a saber qué comemos, a dejar de comer mentiras”, publicó la periodista, Soledad Barruti, en su cuenta de Instagram. Y agregó: “Diputados de ustedes depende. Estén a la altura. Den quórum. Voten por nuestros derechos. #EtiquetadoClaroYa”.
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Barruti, es una gran activista de la “alimentación real”, esa que comienza desde la elección de verduras, frutas y legumbres, con el conocimiento sobre su producción, con la elaboración del alimento, el habitar la cocina para saber qué es realmente lo que comemos.
“Las marcas modelan los sentidos hacia gustos de artificio que luego solo se pueden encontrar en sus productos. Un círculo de adicción donde se combinan cantidades demenciales de azúcar, grasas de mala calidad, harina blanca y lácteos maquillados como si fueran cosas que no son, con aditivos que suman cientos de sustancias que nos convierten en experimentos (que están saliendo mal). No son alimentos son hologramas que colapsan cuerpos y territorios a un ritmo atroz”, remarcó.
En este sentido, remarcó que “romper ese hechizo empieza con el acceso a la información adecuada. Al comienzo puede ser perturbador, pero si todo está dispuesto para prohibirnos ese acceso es porque conocer transforma. Hay un menú real, donde lo rico no está reñido con lo que nos hace bien en todo sentido. Que permite reencontrarnos, reconectarnos y readueñarnos de nuestro deseo, esa fuerza poderosa capaz de transfórmalo todo”.













